...Una foto, ligada a un fragmento de una gran historia..

Sevilla - España. 2004. La torre del Oro, donde los españoles colocaban todo el oro que traían de nuestras tierras latinoamericanas, lástimosamente hoy no queda nada
Fragmento tomado del libro LOS BORGIA. Mario Puzo. INTERESANTE
"....A la mañana siguiente cuando Lucrecia corrió a las cuadras a saludar a César, él la trato con frialdad. Ella intentó explicarle lo ocurrido pero él no quería escuchar sus palabras. Al final, Lucrecia se limitó a observar en silencio cómo su hermano ensillaba el caballo.
Pasaron dos días antes que César regresara. Cuando por fin lo hizo, le dijo a Lucrecia que había estado pensando en el futuro, en el suyo propio y en el de ella, y que la perdonaba.
- ¿Perdonarme de qué?- preguntó Lucrecia, enojada- Hice lo que tenía que hacer, igual que lo haces tú. Siempre te quejas de ser cardenal, pero te aseguro que es mejor ser cardenal que ser mujer.
- Debemos obedecer los deseos del Santo Padre- exclamó César- Si por mi fuera, sería soldado, no cardenal. ¡NINGUNO DE LOS DOS SOMOS LO QUE DESEARÍAMOS SER!
César sabía que la batala más importante que debía librar era la del dominio de su propia voluntad, pues el amor puede robarle la batalla a un hombre sin necesidad de armas. Y él quería a su padre.
Llevaba suficiente tiempo observando las estrategias del papa para saber de lo que era capaz y sabía que él nunca cometería la torpeza de traicionarlo. Para César, despojar a un hombre de sus poseciones y riquezas, incluso de su vida, era un crimen menos atroz que privarlo de su voluntad, pues, sin voluntad, los hombres se convierten en meras marionetas de sus propias necesidades, en seres sin vida, sin capacidad de elección, en bestias de carga sometidas al látigo de otro hombre. Y César se había jurado qu enunca se sometería a un destino así.
Su padre le había pedido que yaciera con su hermana porque sabía que César estaría a la altura de lo que se esperaba de él. Y, precisamente por eso, porque había estado a la altura esperada, después de aquel primer encuentro se había engañado a sí mismo diciéndose que lo había hecho por voluntad propia. Pero su padre se guardaba un as en la manga. Lucrecia amaba con un corazón cuya pasión podía amansar a la bestia más salvaje y se había convertido en el látigo con el que su padre controlaba la voluntad de César.
Lucrecia rompió a llorar. Su hermano la abrazó, intentando consolarla.
-Todo irá bien, Crecia- dijo mientras le mesaba el cabello-. No te preocupes por Giovanni. Aunque esa codorniz de tres patas sea tu esposo - continuó diciendo mientras secaba sus lágrimas- siempre nos tendremos, el uno al otro."

lucas dijo
El amor puede derrumbar la fortaleza mas solida... y puede hacer de una casucha un castillo inexpulgable.
31 Agosto 2005 | 03:50 AM